‘Esto se Convirtió en mi Misión’: Pluzito, Oracular Co-Host de DAMN! y Flamante Presentador de FMS
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Era 1986, era el año de la hazaña de Diego Armando Maradona, del furor por el cometa Halley, del lanzamiento de “Raising Hell” de Run D.M.C., de la sanción de la Ley de Punto Final. Un poco el destino, otro poco las casualidades y otro poco más vaya a saber qué asunto divino, hicieron que el niño Alejandro Poza naciera en el Sanatorio Antártida de la Capital Federal, a pasitos del Parque Rivadavia, en el barrio de Caballito. El mismo parque que, pocos años después, fue imprimiéndole a su vida una especie de cartografía. Una ruta, un norte: la entronización de un tendal de pistas posibles.
Pero es junio de 2021, todavía no es invierno y hace un frío inusual. En su casa de Caballito (“Ya son 34 años en Caballito”), Alejandro Poza, también conocido como ALe! PLUZ y mucho más como Pluzito, muestra algunos de sus tesoros -figuras, Funko Pop, regalitos, misceláneos- y dice que lo de él es un camino y que todo esto –todo esto: competencias, discos, marcas de ropa, programas de radio, hosteo en FMS– es apenas el comienzo de la aventura.
Si esto fuese una película biográfica, el primer plano mostraría el interior de la casa de los Poza, un dos ambientes en el que convivían unas seis personas. De pequeño, su madre lo lleva al Parque a diario. Ahí, de fondo, asomaban algunas de esas pistas: había bulla, había skaters, había BMX, había pantalones anchos y estaba el incipiente movimiento hardcore.
En la radio sonaba “Abarajame” de Illya Kuryaki and the Valderramas y Alejandro sabía que, por alguna razón, ese sonido se parecía a todo lo que emergía del Parque, su parque.
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Llegó Molotov y “Rapper’s Delight” de The Sugarhill Gang. Y llegó, también, la chance de empezar a ganar personalidad. Corría el año 1998 cuando fue junto a su mamá al barrio de Once para comprar sus primeros pantalones anchos: eran unas bombachas de campo, unos pantalones de combate.
En la banda sonora suenan canciones de Control Machete y de Cypress Hill.
Hasta que en el 2000, una de sus tías viajó a la Triple Frontera y le trajo un “CD trucho” de The Marshall Mathers LP, el tercer álbum de estudio de Eminem. Y, en parte, aquí yace su mito de origen.
El Aleph se parece bastante al Parque Rivadavia
Con un poco más de marco teórico, para 2002 ya estaba pisando los primeros eventos de hip hop y comenzó a mezclarse entre los pibes que estaban metidos en el asunto.
“El Parque Rivadavia era como Internet. Un día, compré una Rolling Stone de EE. UU. porque en la tapa estaba Eminem. Adentro, había una foto en la que Marshall estaba vestido de nerd y, en la página siguiente, estaba la misma foto, pero con el fondo todo grafiteado. Eso me voló la cabeza”, cuenta.Desde ahí, empezó a imitar tags, a hacer bombas, a dejar su marca. Flipó con el freestyle, vio documentales, leyó libros, se cebó con la golden era de la Nueva York de los ‘80. “Eso me enamoró”, confiesa Pluzito, personaje inclasificable del hip hop argentino.
“Siempre sentí que quería aportar algo y me dije: ‘¿qué tengo para sumar?’ Yo nunca me encasillé mucho”, sigue.
De la plaza al living de Susana
Empezó a tirar rimas junto a sus amigos, a escribir canciones, a grabar beats con el MTV Music Generator de PlayStation, a despertar un sentimiento romántico por la cultura hip hop que todavía lo acompaña.
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Para 2004, Pluz y su crew de aquel entonces, Rimadores Crónicos, brindaron su primera fecha en el CBGB. Ganó algunas competencias de freestyle, se llevó la E-Sencial Jam, visitó el plató de Susana Giménez.
“Cuando me llamaron para ir a lo de Susana, todo se congeló a mi alrededor. Pensé en usarlo a mi favor. Fui a los estudios de Martínez, tiré un freestyle y misión re cumplida. Para esa época, fue el video de hip hop más visto de Argentina con unas 350.000 reproducciones”, rememora.




