De Obrero a Artista: Conocé la Historia de El Noba, el Pibe de Florencio Varela que le Canta a las Motos
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Nota del Editor: Este artículo fue publicado por primera vez en El Planteo en noviembre de 2021. Lautaro René Coronel, alias “El Noba” falleció el 3 de junio de 2022. Esta es su única entrevista completa.
Por muchas razones, los 15 de enero suelen ser especiales para Lautaro René Coronel, alias El Noba. Nacido bajo el signo de capricornio en 1997, Lautaro se crió en la ciudad de Florencio Varela, al sur del Gran Buenos Aires. Y 24 años después, sigue ahí, en el mismo lugar, con la misma piel: “Sigo viéndome como un albañil”.
El Noba viste una remera de la Selección Argentina, tira un bostezo de coté, se refriega la cara: anoche tuvo un show en Avellaneda y terminó bastante tarde. Detrás, se yergue una pared azul y, delante, una buena onda que, asegura, es regular en su personalidad. “Soy alguien piola”, dice.
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Criado por sus viejos, Lautaro siempre tuvo el cariño de sus vecinos y de su familia. Y pasó sus primeros años escolares cursando en el William Morris, un colegio privado de Florencio Varela. “Mi mamá quería darme una buena educación”, asegura. Pero repitió y la platita para pagar el colegio privado empezó a escasear. Los ciclos venideros los cursó en la Escuela Primaria N° 15, de Villa del Plata.
Pero no terminó, le quedaron dos años pendientes. “Dejé el colegio para comprarme una moto”.
—¿Qué?
—Sí, dejé el colegio para comprarme una moto. Todos tenían moto. Yo a los 17 años me compré mi primera Honda CG. Era un modelo 2001 y la había dejado re turra.
El camino
Al tiempo, volvió a anotarse en el colegio, vía el Plan Fines, el programa de finalización de estudios primarios y secundarios llevado adelante por el gobierno nacional a partir de 2008. Pero empezó a ratearse. Una vez, dos veces, unas cuantas veces más.
“Estaba terminando el colegio y un día me habló una piba de Solano. Y allá fui, para ratearme. Hoy en día, por esa experiencia, tengo una hija. Me re sirvió. Sentí que todo eso me tenía que pasar, que era para mí”.

Lautaro vivió tres años en Solano y, en ese momento, tuvo su primer trabajo como carretero en Once. “No sabés cómo muleaba”, cuenta.
Hasta que, un día, un primo capataz de una obra lo invitó a cambiar de trabajo. Era 2014, se ganaba bien. Comenzó a ser banderillero en una obra de 9 de Julio y Belgrano, en el Centro.
Y llegó una crisis en casa: hubo separación y un raid intenso.
Tiempos violentos
“Empecé a parar en la barra de Defensa y Justicia. No tenía puestos los pantalones de marido. La loca se cansó. ‘No va más’, me dijo. Listo, está bien. Me dediqué de lleno a la cancha”.
Pasó momentos turbios y, después de eso, tuvo que alejarse de la barra por diversos problemas. Ninguno memorable. “Me alejé, me alejé, me alejé”, recuerda. “Me sentía el peor”.
Para rescatarse, un capataz lo llevó a trabajar a otra obra. Y mientras picaba cascotes, un delegado le pidió sus papeles para entrar en oootra obra. Ahora, con un sueldo en blanco, aportes y todos los chiches.
“Solté el pico y les dije: ‘nos vemos’”.
Así, el 15 de enero de 2018, le dijeron: “Mañana arrancás”. Y ese fue el mejor regalo que podía tener: “Yo estaba en la lona”.
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Era una obra desde cero. Pasaba baldes. Arrancaron 5 personas, terminaron siendo unos 200. Cuando cobró, fue hasta el outlet de Lacoste y se compró la mejor chomba de la tienda y una para su hija.
De esta manera, tuvo un progreso concreto: se compró un auto y un buen teléfono celular.
Pero empezó a tentarse con giladas. A barriletear. Vendió el auto. Y, como en El Juego de la Oca, volvió al casillero de salida.
Tomaba Clonazepam. Una, otra y otra más. “Nunca más quiero volver a eso”. Sin embargo, de esa experiencia le quedó un alias No Bajo Ni Con Pasta. O, cariñosamente, El Noba.
Un año después, el 15 de enero de 2019, en medio de una lluvia torrencial, lo echaron.
Otra oportunidad
Al toque, gracias a un contratista, volvió a otra obra más: ahora de pintor. Allí conoció a unos pibes de Barracas que lo llenaron de berretines. ¿El que más usaban? “Tamo chelo”.
—Cobré la quincena.
—Tamo chelo.
—Me vi con una guacha.
—Tamo chelo.
La obra terminó en diciembre de 2019 y con la liquidación más unos mangos ahorrados volvió a las motos. Se compró una Honda Pop y regresó a las pistas, a los clásicos “domingos de willy” y “tirar facha después del baile”.
Tras unos meses ociosos, cayó la pandemia ocasionada por el virus Covid-19.

Bendito Internet
Empezó a trabajar en Chicken Galaxy, un local de pollo frito. “Nos cagábamos de risa. Con ellos aprendí mucho. Ellos venían de vender pan casero y pasaron a tener tres sucursales de pollo frito. Leían mucho”.
Para esa época, Lautaro, ya oficialmente bautizado como No Bajo Ni Con Pasta, abría su Instagram para que le manden preguntas pidiendo consejos. Y a puros chistes y carisma empezó a engordar el contador de seguidores.
“Me conocían como ‘el de las preguntas’. Muchos compraban en Chicken Galaxy para que yo les lleve el pedido”.
A Lautaro lo invadió un sentimiento: quería ser streamer, quería explotar su faceta mediática. “Yo tengo la chispa para hacer stream, pero no me daba la moneda”.
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Al toque, su amigo Ariam le prestó una computadora y usaba un Samsung S7 destartalado para meterse en el mundo de los streams. En ese entonces, la fama de El Noba comenzó a incrementarse.
Llegaron las felicitaciones de famosos, el aval de Neo Pistea, un vivo con Santi Maratea. Enseguida, una chica le regaló una cámara y un amigo, unos auriculares.
“Cuando caí a mi casa y le mostré a mi vieja que me habían regalado los auriculares, me dijo: ‘¿por qué no vas a buscar laburo?’”
Ahí, sintió lo mismo que había sentido tiempo atrás cuando un delegado, en medio de su faena como obrero, lo vio tirando stories con preguntas y le dijo: “Mirá que el celu no te va a dar de comer”.
El Noba, el artista
Con necesidad de autolegitimarse, se tatuó “El Noba” en el antebrazo. Ya no había vuelta atrás. Quería dedicarse a lo suyo y, desde ese momento, empezó a proyectar una vida llena de escenarios. “Se me reían, pero yo sabía que también iba a cantar”.
Y a su mamá le prometió comprarle todas las carteras que ella quiera. “Yo sabía que la iba a pegar”.
El Noba siguió haciendo delivery con una moto que compró gracias a la ayuda de su novia. Durante la pandemia, se las arregló arriba de las dos ruedas. “Ya la gente me re conocía”.
Biru, biru, biru. En noviembre de 2020, mientras llevaba un pedido, la policía le secuestró su moto. “Me volví con la caja de comida caminando. Estaba re bajoneado. No laburo más para nadie”, se inculcó.
La de uno
Fueron pasando los días, llegaron algunos rebusques vía Instagram y, sorpresivamente, recibió un mensaje del DJ Alan Gómez, organizador de la Fiesta DeTurreo. Lo invitaron a ser host. “Yo no lo podía creer”.
Allí, en pleno Casino de Puerto Madero ante 700 personas, recibió bendiciones de Dillom y DJ Tao, entre otros. “La re exploté. Yo no era nadie. Todavía no soy nadie, pero no lo podía creer”.
Con todo ese hype sobre su espalda, el salto a la música estaba al caer. Por eso, se juntó con Diamante Ayala, un trapero de Florencio Varela, y en esa yunta, después de unas 7 horas en el estudio para encontrar su mejor tono, empezó a cocinarse el primer bosquejo de “Tamo Chelo”.
Pero la cosa se frenó un poco y no llegó a concretarse. En ese interín, para febrero de 2021, El Noba, siempre fanático de las motos, viajó a Villa Gessell en la Costa Atlántica argentina para participar del Enduro y presenciar las carreras de todo tipo de vehículos.
Cantante de oficio, oficio de cantante
Con una popularidad en ascenso conoció a Infinit, el dueño de un auto radio, quien se convirtió en una especie de manager. Infinit le proveyó un buen teléfono celular y éste le generó la posibilidad de meter publicidades, canjes y agites en Instagram.
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“Vamos a sacar el tema”, le aseguró Infinit. Juntaron unos sponsors, fueron al estudio de Dinero y, finalmente, grabaron “Tamo Chelo”, su primer hit.