Saramalacara: Trap, Shitposting y Nerdeadas Fumonas
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“No sé si está tan bueno hablar de trap, es como medio antiguo. El rapero que se hace el malo ya fue, estamos todos haciendo plata”, sacude de entrada Sara Azul Froján, a.k.a. Saramalacara, una de las artistas más interesantes de la nueva escuela y miembro activo de la Rip Gang, la crew de Dillom, Muerejoven, Taichu, Odd Mami, entre otros.
¿Realmente no le gusta hablar de trap? ¿Le avergüenza el género? ¡No, ni ahí! Sara sólo quiere separarse de los estereotipos que conllevan ciertos encuadres.
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“El otro día me pasó que, en un Cabify, me puse a charlar con el chofer”, cuenta. “Yo estaba yendo al estudio y empezamos a hablar de música. El chabón me preguntaba qué genero hacia y yo quería decirle trap, pero me daba vergüenza. El uso que le dan a la palabra no tiene nada que ver conmigo. Me parece muy forzado, trucho y careta”.
“Yo me lo tomo con más humor”, remata.
El flash trapero
Hija de una docente de plástica (“Me pusieron Azul porque a mi mamá le gustaba mucho el color”) y criada en el barrio de Mataderos, Saramalacara conoce al dedillo algunos dispositivos narrativos de Internet: le funciona el trap sin el biri biri maleantero, curte el universo sad boy y bebe de la cuenca del shitposting (memes bizarros, post sin sentido y basura corrosiva de la web).
En su universo se cruzan algunas historias cotidianas con otro poco de fábulas. “Yo también vendí porrito, pero no me gusta que se lo tomen a pecho”, explica. “Un poco de ficción, no pasa nada”.
Epa, epa… ¿Saramalacara vendía porro? ¿Acaso Sara cumple con el imaginario del trap life? Bueno, un poco sí y bastante no. “Cuando estaba en el colegio, tenía un ladrillo de prensado debajo de mi cama”, relata. “Como todos los chicos, quería hacer plata fácil. No tenía una doble intención. La verdad que era todo medio inconsciente. Era chica, tenía un pedo mental. Pero vendía porro, no es que estaba vendiendo merca o algo oscuro”.

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A la sazón, su alias artístico, Saramalacara, vino de una joda fumona: “Me lo puse porque rimaba y al toque todos me dijeron que estaba buenísimo. Me gusta que sea en español. De hecho, no me gustan las cosas en ingles, aunque un poco espanglish, sí, te banco”.
El graffiti, su primer amor
Cuando era más pequeña aún, Sara saltaba de barrio en barrio dejando su marca. En sus venas empezó a correr una pasión por el grafiti. Ese interés fue contagiado de forma estrecha por su grupo de amigos, un viejo amor y, fundamentalmente, por el espíritu artístico del Fader, su colegio.
“Íbamos a pintar trenes y paredes”, cuenta. “Lo sigo haciendo cuando puedo, aunque ahora no tanto. Hago tags y bombas. Salgo a pintar con cualquier cosa. No soy de rayar así porque sí, no me gusta rayar una pared linda”.
¿Lo último que hizo? Unas cosillas antes de la cuarentena por el barrio de Villa del Parque, en Buenos Aires. “Le pregunté a una señora si podíamos pintar y me dijo que sí. Era una casa re cheta”, recuerda.
El movimiento trajo la música
Para Sarita, la música siempre fue un flash. Y fue, también, una consecuencia de moverse, de pintar, de hacer cosas.
“Musicalmente, siempre tuve un gusto muy especifico. Muy acompañado de una estética. Entonces, me di cuenta que mi estética y mis gustos musicales daban para hacer un producto piola”, explica.
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Y ese salto a la música tuvo que ver con la Rip Gang, con la Talented Broke Boys (el génesis de la Rip Gang), con un convoy de pibes opinando sobre música, arte y cosas. “Dábamos vuelta sobre el tema. Tenía el estudio muy presente y me dije a mí misma: ya fue, yo también lo puedo hacer”.
Entretanto, esas charlas e intercambios con amigos terminaron en miradas parecidas, en un proyecto en común: la Rip Gang, un colectivo de artistas que aportan una mirada fresca al panorama del trap nacional.
“Puse mis flashes de distintas vivencias y con eso saqué un tema. Se me dan muy fáciles las melodías y siento que acá eso no se hizo tanto. Meter melodías en el trap no está tan normalizado”, cuenta.
Trap nerd
Y así llegó «Budokai Tenkaichi», su primera canción, en la que mezcla un perfil nerd (refe directa al videojuego de Dragon Ball Z) con un reverso más kinky (“Me quiere cuando está de pasti”).
