Las 5 Películas Menos Fumonas en la Historia del Cine
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Prejuicios, miradas ajenas, bolas de confusión: a veces, el cine también sirvió como propalador de formas estigmatizantes y discursos llenos de moralina. De hecho, oficialmente, durante el año 1934 se creó en los Estados Unidos, bajo complicidad de los grandes estudios cinematográficos, un código de producción que determinaba qué podía verse en pantallas y qué no.
Conocido como Código Hays, regulado vía el MPAA (Motion Pictures Asociation of America), el gobierno norteamericano y las majors establecieron un conjunto de normas que pretendió convertirse en un sistema de censura autoimpuesta que violaba el estilo natural de Hollywood. Adiós al desparpajo, pero también adiós a la libertad.
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Y desde ahí, un tendal de películas que apuntaron decididamente sus cañones contra los consumidores de marihuana y, asimismo, contra el sexo, las ideas sobre el trabajo, la política y la vida en sociedad. En rigor, se perseguía a una cosmovisión de mundo específica.
En la misma sintonía fue la Guerra Contra las Drogas, sus negocios y obsesiones. Y, enseguida, el accionar brusco de una sociedad occidental cocinada al calor del desconocimiento, las crueles dictaduras militares, la censura y su opresión.
Algunas dan la vuelta, otras siguen siendo nefastas. Algunas se convirtieron en comedias involuntarias, a otras se les siguen viendo las perversas costuras. El tiempo hizo su juego.
Aquí, entonces, una guía con las cinco películas MENOS FUMONAS en la historia. Un cine que por acción u omisión se desentiende de los compromisos tácitos del verosímil y juega a construir lo que se le canta: sin tacto, sin cancha, sin nada que se le parezca efectivamente a fumar un porro de verdad.
Las cinco películas más anti-marihuana en la historia el cine
5. Marihuana (Dwain Esper, Estados Unidos, 1936)
En pleno crash financiero de la década del 30, los grandes estudios de cine estaban abocados a la producción de musicales, a filmar historias con monstruos clásicos de la literatura, a distribuir desopilantes comedias físicas y a mover cualquier otro rollo que le hiciera olvidar a la “gente común” que no había pan ni trabajo pero sí show business.
Y así, de vez en cuando, rescatar algún sentimiento positivo para que la cosa no decaiga demasiado.
Bajo este contexto apareció un film de exploitaition cannábico temprano, conocido como la piedra iniciática de los narcotic videos involuntarios.

En esa lógica, pese a contar con un discurso abiertamente propagandístico, Marihuana, hermana biológica del clásico Reefer Madness (1936), fue lo suficientemente atrevida como para jugársela: a pesar de lo estigmatizante y rústico del asunto, ahí andan pululando unos porros en pantalla.
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Marihuana está diseñada originalmente para satisfacer un fin educativo y destinarse al público adulto. ¿Con qué motivo? Para que, a raíz de su existencia, puedan enterarse de “las trampas de la juventud en América” (así se advertía desde su tráiler, imagínense cómo venía la mano).
Conocida también bajo el nombre de “Marihuana, the Weed with Root in Hell!” (literalmente, “¡Marihuana, la Hierba con Raíces en el Infierno!”), la obra del director Dwain Esper, no sólo logró señalar una problemática de la época, sino que sirvió, del mismo modo, como una inspiración para generar un tremendo (y oscuro) legado cinematográfico afín. Este fue el puntapié inicial de un cine moral y prejuicioso.
Y, en su reverso, se convirtió en un inevitable tentempié fumeta.



