Etnosoldados: un Análisis del Ataque Terrorista en Nueva Zelanda en el 2019
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1. El ataque en Nueva Zelanda
El 15 de marzo del 2019 Brenton Tarrant, australiano de 28 años, ejecutó el atentado terrorista más cruel y sanguinario de la historia de Nueva Zelanda. Atacó dos mezquitas, mató a 50 personas e hirió a 50 más mientras lo transmitía en vivo por Facebook. Además del video, Tarrant explicó las razones del ataque mediante un manifiesto cargado de argumentos anti islámicos y racistas, y memes. El periodismo internacional no tardó mucho en darse cuenta que era un ataque de un supremacista blanco. En cambio, el periodismo mainstream local, en su eterna degradación y sin la más básica capacidad para leer un texto, instaló la tan vieja y querida idea de que el atacante era un “loquito” cebado por los “videojuegos”.

La síntesis de una época
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El atentado de Nueva Zelanda no es un caso aislado. Es un fenómeno de al menos dos países y tiene la capacidad de volverse “global”. Puede golpear a cualquier país en cualquier momento. Lo primero que hay que entender es que este caso está vinculado a otro similar: la masacre de Utøya.
2. Brievik: el primer etnosoldado
Anders Behring Breivik perpetró el peor atentado terrorista de la historia de Noruega el 22 de julio de 2011. A modo de distracción, puso una bomba en la sede del Gobierno noruego que detonó y dañó al edificio en forma considerable. Mientras la policía estaba ocupada con este “detalle”, Brievik se dirigió hasta la isla de Utøya dónde asesinó a 69 jóvenes que participaban de un campamento del partido social demócrata. Toda la plana juvenil del partido de gobierno, los futuros administradores del Estado escandinavo.
Breivik acompañó su atentado del manifiesto “2083: an European Declaration of Independece”. Durante la primera parte del libro, se dedica a analizar lo que considera el estado actual de decadencia de la sociedad europea y occidental producto de años de nihilismo, consumo y pérdida de las tradiciones culturales propias de cada nación. Según Brievik, este proceso coincide con la apropiación del poder político por parte de una élite formada al calor del marxismo cultural que instaló como ideología hegemónica el multiculturalismo. El clavo en el ataúd de la Europa tradicional sería la inmigración masiva de árabes islámicos a los países centrales de occidente. Bajo la política de integración entre la cultura nativa de Europa y el Islam, para Brievik se esconde un proceso de exterminio de los “pueblos originarios” europeos. Esta infame idea se conoce como white genocide o genocidio blanco.
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La narrativa de Brievik es clara: Europa tiene que lanzar una nueva cruzada contra el Islam. Pero esta vez, en su propio territorio. Si las cruzadas medievales fueron en condición de “visitante” y para recuperar Jerusalem, la nueva cruzada será en condición del local para proteger a la madre patria. El ataque de Utøya se inscribe en esta narrativa. No fue un tiroteo al azar como en el caso de los ataques en escuelas y universidades de Estados Unidos. Si bien es muy posible que muchos factores de esos ataques y el de Brievik se solapen, este último tenía un fin específico. El atentado de Utøya fue un acto político. Brievik defiende la idea de que Europa es un concepto biológico y se considera a sí mismo un cruzado, un paladín, un defensor de ese orden. En palabras de Tarrant, el mejor discípulo de Brievik hasta ahora, un etnosoldado.
3. Una estrategia para el etnonacionalismo: la orden templaria descentralizada
Leer el manifiesto de Brievik es una tarea compleja. Requiere paciencia y estómago. Es un viaje directo a la mente de un asesino. El libro tiene dos momentos muy claros. La primera parte es el planteo del “problema” que enfrenta Europa y una posible solución. La segunda parte es un diario íntimo de cómo preparó el atentado. Una suerte de registro que puede servir como manual de instrucciones a futuros terroristas. Esta parte incluye varios consejos, desde dónde conseguir armas (legales o ilegales), cómo hacerse amigos en el submundo del crimen ruso y cómo construir una empresa ficticia para conseguir, sin llamar la atención, los elementos necesarios para fabricar explosivos.
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Además, Brievik propone como solución al white genocide la creación de una orden de caballeros que se tome en serio la tarea de destruir al enemigo islámico. La orden carece de un comando central, debe trabajar en forma descentralizada y la cohesión es ideológica. Cada soldado que se sume a las filas y abrace el objetivo de destruir al invasor islámico en territorio occidental y a la ideología que lo apaña, pasa a formar parte de la orden. En otras palabras: terrorismo y autogestión. El objetivo de la orden es, por un lado, golpear con fuerza al enemigo y usar los actos de violencia como un arma para expandir este método por el mundo, por eso cada ataque es un vector para llegar a los próximos reclutas.
El texto es un llamado a la acción directa: asesinatos, bombas y sabotaje, lo que sea necesario. Cualquier enemigo, sea un invasor o un aliado del invasor (el marxismo cultural), es un objetivo válido. La orden se considera a sí misma la última barrera entre el “invasor islámico” y el remanente caucásico originario de Europa. Esta es la respuesta a los años de políticas progresistas de integración. Es el punto cero para el levantamiento de una nueva reacción por derecha, al globalismo y sus acólitos.
4. Brenton Tarrant: el primer discípulo
El 15 de marzo del 2019 Brenton Tarrant entró a dos mezquitas en Christchurch, Nueva Zelanda, y asesinó a 50 personas e hirió 50 más con su arma automática. Antes de pasar a la acción, el atacante armó un post en 8chan dónde pegó un link de la transmisión en vivo del ataque y dejó un manifiesto. A diferencia del atentado de Brievik, no hay tanto análisis sobre las causas filosóficas y políticas de la decadencia europeo-occidental, sino más bien un compendio de ideas simples. Redactado en un inglés sencillo, expone cada una de sus razones para el ataque.
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La narrativa coincide con la de Brievik, a quién llamó “su mayor inspiración”: es un ataque enmarcado en la cruzada entre el colectivo étnico europeo y el islámico. No es un atentado común y corriente, es un acto partisano contra el enemigo islámico y sus aliados. Un ataque contra una “fuerza de ocupación” en palabras de Tarrant.
“Solo me inspiré, de verdad, en el Knight Justiciar Breivik”
La conexión entre ambos terroristas es la clave para entender el objetivo de los ataques. A partir del atentado de Tarrant, la “doctrina Brievik” deja de ser una simple teoría, un delirio de un nerd trasnochado, para convertirse en la hoja de ruta de un nuevo movimiento: el etnofacismo. La importancia de un segundo ataque es que funciona para legitimar, de cara a la sociedad, las razones de Brievik. Veamos con mucha atención el siguiente video:
