Del Cyberbullying al Campeonato Mundial de Boxeo: La Historia de Ezequiel, Heredero de la Dinastía Matthysse
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Este artículo se publicó por primera vez en El Planteo el 4 de abril de 2022.
Apenas tenía 14 cuando el joven Ezequiel Matthysse decidió que quería dedicarse profesionalmente al boxeo. Ante sus ojos, el entrenamiento feroz, exigente y brutal de Lucas, su tío, preparándose para defender un título mundial. Madrugones, doble turno, maratones kilométricas, guantes, sudor y lágrimas: “Yo quiero esto”, pensó Ezequiel. ¿Cómo le fue a Lucas? Ganó por knock out. Él también quería eso.
Así, Ezequiel empezó a entrenarse duro y parejo. En sintonía con su familia (su tío Lucas y su padre Walter, ambos boxeadores profesionales), el joven púgil mancillaba en su cabecita la idea de meterle a pleno.
Hasta que la posibilidad se convirtió en una certeza. Ring, ring. Un llamado del Team Maidana, el equipo de alto entrenamiento comandado por Marcos el “Chino”, le brindó la chance de mostrarse en las grandes ligas. Maletas, pasaje y adiós.
La experiencia con el Team Maidana
Entonces, abandonó la escuela, dejó el corazón del Valle de Trelew y viajó a Norteamérica, cambiando el frío del sur patagónico por el calor de la Costa Oeste de California. Entrenó, flasheó, vivió el sueño. El sueño del pibe guante.
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En sus palabras: “Fue tremendo. Me acuerdo que estuve dos meses en Buenos Aires esperando por la visa. Me quedé en una especie de villa olímpica. Me gustaba, pero pasaban los días y se me hacía largo. Se me hizo complicado. Hubo que ir aguantando el proceso. Cuando llegué al final, me encontré con terrible paraíso”.
Lo llevaron a ver peleas en Las Vegas, se cruzó con Deontay Wilder, con Adrien Broner y hasta con Floyd Mayweather Jr., se sacó fotos con todos, flasheó la del GTA, quiso pelear ahí: “Ya estaba encaminado a eso”.
Mano a mano
Durante su infancia en el humilde barrio de Las Mil Viviendas, en Trelew, Ezequiel vivió junto a su familia, a pura cumbia villera, travesuras callejeras y una banda de amigos inolvidable.
Su padre, Walter, fue ganando cada vez más respeto y oportunidades en el boxeo y, a partir de ahí, pudieron mudarse a otro barrio. “Ese fue el barrio más tranquilo de mi vida”, cuenta.

“Cuando era chiquito me portaba recontra mal. En primer grado me cambiaron de turno de lo mal que me portaba. Era medio terrible”, sigue.
De esta manera, su vida fue pasando alegremente hasta que vivió un momento bisagra: un chiste doméstico que escaló y se volvió viral.
Ezequiel tenía 10 años cuando su padre registró con su celular una joda en la que le echaba agua en la jeta mientras el pibe dormía. “Papá, tengo calzoncillos nuevos”, gritaba el nene entre llantos. “Andate, andate”, insistía. En dos días, el video se multiplicó en millones de reproducciones. Y al tiempo, aquella broma se convirtió en un asunto.
El cyberbullying y la niñez
“Cuando tenía 14, me gustaba hacerme el rocho, el de barrio. Era medio así. Bah, ahora también. Para ese momento, todo el mundo había visto el video. Y me cargaban, pero yo trataba de aguantármela. No dar bola. Si jodían, se comían una apurada o un cachetazo. Yo empecé a tener mala junta. Mis viejos estaban en un momento difícil. Yo salía de la escuela y había una plaza donde se juntaban todos y bajaban de todos los barrios. Yo me encontraba con mis amigos ahí y ellos se ponían a tomar y fumar. ‘No tengo ganas de estar acá’, pensé”.
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Sin embargo, Ezequiel creía que, de esa manera, iba a tener una especie de protección. Un talismán ante los riesgos. Un picante que no se come, se ejecuta. “Si andan conmigo no me van a venir a joder”, se dijo.
—¿Te sirvió para que te dejen de hacer bullying por ese video?
—Por las redes todos comentaban cosas. Pero en la escuela nadie nunca más me dijo nada. Sólo una vez. Estaba en el recreo y andaba haciéndome el malo. Era bueno pero me hacía el malo. Terminó el recreo y uno de enfrente de mi aula, uno más grande, empezó a decir la frase del video. “¿Qué andás diciendo vos? No te voy a pegar acá, te voy a pegar a la salida”. Y a la salida, todo el mundo hizo una ronda. Y no sé cómo mis amigos se habían enterado y me fueron a esperar.
—[…]
—Todos mis amigos me decían “andá y pegale”. Y antes de salir de la escuela, empezaron a decir que el chico tenía un problema en la sangre. Que no podía recibir golpes porque podía morirse. Entonces, me le puse delante de la cara y el chabón siguió caminando y se fue. No le iba a pegar. Pero esa situación hizo que todo el colegio me empezara a respetar y me dejaran de cargar por lo del video.
Golpe a golpe
Ya enfocado en el boxeo, Ezequiel sintió una especie de ley de atracción: lo deseó tanto que le llegó. Vino el trip por Estados Unidos, la obsesión por convertirse en profesional. “Eso fue algo que me cambió la vida”.
Incluso estando en Estados Unidos, Ezequiel mascullaba para sus adentros un malestar por el viejo video: no disfrutaba ser objeto de burla por un chiste que protagonizó cuando era apenas una criatura. “Los comentarios me hacían muy mal. Yo de tonto iba y leía todos los comentarios de YouTube. Ese cyberbullying me hacía muy mal”, describe. Los bravos también lloran.
Así las cosas, todo iba más o menos normal en su vida hasta que en el año 2019, la cuenta de Instagram @al__pedo, que se encarga de recopilar la vida de los protagonistas de distintos videos virales, compartió su video. De esta manera, su cuenta personal –que rondaba los 10.000 seguidores- empezó a explotar. Uno, dos, diez, miles de seguidores más.
Segundos afuera: ‘Calzoncillos Nuevos’, segundo round
“Fue re loco, yo estaba re normal. Me empezaron a llegar notificaciones y comentarios. Cuando vi que era por eso, me comuniqué con el chabón. Ahí me dije: ‘Eu, me gustan las redes sociales’. Y comencé a promover mi imagen. Abandoné la vergüenza y empecé a sacarle el jugo. Elegí no esconderme. Elegí aparecer y poner el pecho”, asegura.
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Y hoy, muchos años después, aquel episodio que lo traumó, se convirtió en un chiste también para él. Ya está, basta de fantasmas. Bienvenida la comedia. “Trato de verle el lado bueno a todo”.
Con ese envión, Ezequiel lanzó una canción llamada “Calzoncillos Nuevos” en el que se hace cargo de aquel viral y lo da vuelta como una media.
Allí, habla del bullying en el colegio, de cómo se enfocó en el boxeo y, entre anécdotas personales, también regala un mensaje motivacional: “Quiero que le llegue a la gente. Por ahí parece una pavada que te jodan con algo, pero cuando uno es chico se lo toma muy a pecho”, reflexiona.

