RAW Rolling Papers: la Alucinante Historia de Josh Kesselman, el Creador de los Famosos Papelillos de Fumar
¡No te pierdas ni una noticia! Suscríbete a nuestra newsletter GRATUITA y súmate a nuestro canal de Telegram o canal de WhatsApp.
Anuncia en El Planteo, el medio cannábico más leído en el mundo de habla hispana.
Síguenos en: Instagram // Facebook // Twitter
“De niño vivía en Nueva York. Mi padre, que era fabricante de jerseys, solía hacer trucos de magia durante las fiestas. Prendía fuego a un papelillo, lo lanzaba al aire y, puf, desaparecía. Ese era el único truco que mi padre conocía, pero me dejaba boquiabierto. De niño conoces la magia y piensas que hay todo un universo que desconoces”, dice Josh Kesselman, un hombre tan apasionado por los papelillos que hace que The Office parezca aburrido.
Contenido relacionado: Entrevista a Reggie Watts: Rompiendo el Molde con Cannabis, Psicodélicos y Tecnología
La suya es la historia de un amor de toda la vida convertida en un negocio que vende sus productos en casi todos los países del mundo: la historia de RAW Rolling Papers.
De entre un puñado de marcas contraculturales conocidas en todos los rincones del mundo, RAW Rolling Papers es una miembro crucial de una élite selecta que ha alcanzado un estatus cultural legendario. Mencionada en innumerables canciones y películas, y venerada por las mayores estrellas del mundo, la marca es un símbolo para conocedores del cannabis y entusiastas del tabaco.
Pero, como con toda buena historia, no resultará fácil relatar cómo RAW Rolling Papers llegó hasta donde está hoy. Es un viaje apasionante, y para hacerlo bien tendremos que viajar a través del espacio y el tiempo, hasta la Segunda Guerra Mundial, y luego volver al presente. Así que abróchense los cinturones.
La teoría de la valla de Tom Sawyer
Fue tal el asombro que el truco de magia de su padre infundió en el joven Josh que despertó su amor y fascinación por los papelillos de fumar a la tierna edad de cinco años.
“Estaba obsesionado con ellos. En cuanto tuve la edad suficiente para entrar en las tiendas, compraba todas las marcas que veía. Ni siquiera podía usarlos todos. Pero no importaba. Sólo quería tener todos los que pudiera. Me había convertido en un coleccionista”, recuerda.
Durante sus años de universidad, a principios de los ’90, Josh Kesselman decidió publicar su colección de papelillos para fumar en Internet. Fue uno de lxs pocxs estadounidenses que lo hizo, compartiendo conocimientos e intercambiando paquetes con coleccionistas europexs.
Un joven Josh Kesselman – Foto cortesía
Nada de tarjetas de béisbol: éste fue el inicio de lo que se convertiría en un imperio global tres décadas después.
“Como parte de un proyecto universitario, investigué la posibilidad de abrir una tabaquería muy pequeña en Gainesville, Florida. Me aprobaron el proyecto y decidí que iba a abrir inmediatamente la tienda. Intercambiaba papelillos de liar con coleccionistas de Europa. Para ellxs, lo que me enviaban era basura que habían comprado en una gasolinera alemana cualquiera, pero para mí era alucinante. Y sabía que podía venderlos”.
Contenido relacionado: ¿Qué Son los Papelillos de Cáñamo para Fumar Marihuana?
Lo que parecía una idea bastante sencilla -abrir una tienda de venta al por menor- no resultaría ser nada fácil. Nadie quería alquilar su local a un aspirante a empresario con aspecto de hippie, que manejaba una Harley (sí, Josh Kesselman estaba en una banda de motoqueros afroamericanos en aquella época) y atraía a una clientela de fumones.
Finalmente, el dueño de una pequeña y destartalada tienda que solía ser una tienda de discos aceptó alquilarla por la asombrosa cifra de USD 400 al mes.
“Vendí todo lo que tenía, excepto una furgoneta de USD 500 y esta mierda de Harley Davidson que había construido yo mismo. Luego llamé a la tienda Knuckleheads (cabeza hueca) en honor al motor de esta máquina”, dice.
La primera tienda de Josh Kesselman – Foto cortesía
De hecho, para ahorrar en su propio alquiler, Josh se mudó al quincho de un amigo, con resultados hilarantes que van desde tener que orinar en el jardín hasta compartir su “habitación” con un cortacésped.
“No tenía ni idea de qué demonios estaba haciendo, ni idea. Pero también sabía que no sabía, y que el pueblo quería esta tienda. Y supongo que eso es lo único que realmente importaba. Así que lo que hice fue lo que yo llamo ‘la teoría de la valla blanca de Tom Sawyer’: la gente venía a la tienda y preguntaba por un producto específico para fumar y, sin saber qué demonios era, les hacía preguntas sobre él y les prometía que se lo conseguiría en dos semanas. Y siempre lo hacía. Simplemente llevaba lo que la gente quería: suponía que si una persona lo quería, otras también lo harían”.
Resulta que el hecho de dar a la gente exactamente lo que quería, en lugar de lo que el propietario creía que debían querer, convirtió la tienda en lo que, en aquel momento, le pareció a Josh Kesselman un gran éxito.
Haciéndose premium
Una de las cosas que Josh Kesselman descubrió muy pronto fue que la venta de papelillos de liar raros le permitía cobrar una enorme diferencia y aumentar sus márgenes. La gente quería rarezas.
“No importaba lo que lxs comerciantes europexs quisieran cobrarme por un paquete de papel de fumar raro: 10, 20 centavos… no tenía ninguna relevancia en relación a los USD 5 por los que los vendía”, dice.
Contenido relacionado: Habla Tommy Chong: Nueva Cadena de Dispensarios Cheech & Chong y Amor por el Tango
Sin embargo, la luna de miel tendría un final abrupto cuando Josh, sin saberlo, le vendió una pipa de agua (que era ilegal en ese momento) a la hija adulta de un alto funcionario del Servicio de Aduanas de Estados Unidos. Esto lo llevaría al cierre de su tienda.
Curiosamente, los federales confiscaron toda su parafernalia (bongs, pipas, etc.) pero no sus papeles de liar. Éstos no eran ilegales.
“Incluso pude conservar los que estaban hechos por un viejo hippie, cubiertos de impresiones de hojas de cannabis”, añade. “Pero la condición para dejarme conservarlas era que, básicamente, me fuera de la ciudad. Así que lo hice”.
Josh Kesselman se reestableció en Phoenix, Arizona, una ciudad que describe como sorprendentemente liberal y sede de la contracultura del tabaco. Así, inició un negocio para educar a lxs propietarios de las tiendas sobre los detalles y complejidades de los papelillos de fumar.
Josh Kesselman – Cortesía de RAW
“Arizona es típicamente conocida por ser conservadora, pero en realidad son muy libertarixs. Arizona definitivamente no es conservadora cuando se trata de libertad y marihuana“, declara el empresario, citando la reciente legalización del cannabis recreativo en el estado.
“Aunque algunxs arizonenses adoren sus armas y mierd*s, yo encajo bastante bien, porque básicamente nos dejamos ser”.
Una vez más, Josh encontró un nicho en los papelillos de liar europeos de alto margen.
Meses más tarde, conectó con un viejo artesano del papel que había reabierto una de las fábricas de papel de liar más antiguas del mundo (si no la más antigua). El hombre, que había volado desde España a Estados Unidos sólo para conocerlo, se sintió muy decepcionado cuando se encontró con un yanqui desaliñado de unos 20 años.
Pero Josh le conquistó: “Le conté la historia de mi padre y de los papeles que utilizaba, Marfíl Arroz, ¡y dio un salto! El viejo artesano me dijo que su padre fabricaba esos papeles de liar. Su abuelo y su bisabuelo también. Así que, en un momento de auténtica conexión, decidimos que íbamos a recuperar esos papelillos”.
Esa fue la primera marca de Josh: Elements
“Fue un éxito decente”, dice. “Me centré en la marca y en conectar con lxs usuarixs. Poníamos a los papeles nombres chulos, sabores… Pero también cometí muchos errores”.
“Sin embargo, una cosa que aprendí es que no quieres ser uno más ni quieres ser parecido a otrxs. No conseguirás nada. Puede que consigas algunas migajas, pero no estarás añadiendo nada al tejido de la sociedad humana, ¡que es por lo que realmente se nos recompensa!”.
El Mishpocheh Mensch
Josh fue criado en gran medida por su abuelo, un héroe veterano de la Segunda Guerra Mundial que destacó (y fue honrado) por especializarse en llegar a hurtadillas a las líneas enemigas y hablar con lxs alemanes para que se rindieran y así salvar sus vidas… y las de lxs estadounidenses.
Contenido relacionado: Jay-Z Habla de Cannabis, Activismo y la Campaña de Sensibilización de Monogram
“Hablaba yiddish, no alemán, así que se acercaba sigilosamente a las líneas del frente y les gritaba a los soldados alemanes en yiddish, diciéndoles que había un enorme batallón estadounidense detrás de él listo para hacer lo que fuera necesario, que esto acabaría mal para ellos. Pero, si se rendían, él se aseguraría de cuidarlos y protegerlos. Salvó muchas vidas en ambos bandos”, recuerda Josh entre lágrimas.
“Cada vez que hablo de mi abuelo me pongo a llorar”, explica. Y es genuino; lágrimas reales corren por sus mejillas mientras su cara se convierte en la de un niño pequeño desesperado, perdido en un supermercado.
Resulta que el abuelo Joe Kesselman vivía según una teoría que llamaba “la teoría de la ratonera”.
Era bastante simple: construye una trampa para ratones mejor que la mejor que existe, y el mundo llegará a tu puerta.
“Lo que significa”, explica Josh, “es que si tú y yo estamos en el negocio de las ratoneras, compitiendo entre nosotros, se supone que yo tengo que hacer la mejor ratonera del mundo. Cuando lo haces, el mundo te recompensa”.
En un mundo ideal, esto llevaría a tu competidorx a fabricar una trampa para ratones aún mejor, que atrape aún más ratones, que dure más y que, de alguna manera, sea muy mejorada, y viceversa, ad infinitum.
“Deberíamos ir de un lado a otro en esta escalera de la competencia, haciendo trampas para ratones cada vez mejores, hasta que finalmente hagamos una trampa para ratones que vuele por la habitación, atrape al ratón, vuele a un santuario de ratones, lo deje caer y luego vuelva a buscar más ratones. Si todxs compitiéramos así, que es en realidad la forma natural de competir, lxs humanxs progresaríamos tanto que acabaríamos volando por el espacio”.
RAW Rolling Papers no se convirtió en un éxito instantáneo
Durante su estancia en Gainesville, Josh aprendió a demostrar su valor ante sus clientes.
“Tienes que elevar su experiencia, hacerla mejor de alguna manera”.
Así es como se le ocurrió crear conos de papel de liar prearmados para la gente que no sabía armar. Básicamente, tienes un papel preenrollado, se rellena con material molido y se fuma. Pan comido.
Y entonces llegó su mayor revelación: Lxs verdaderxs amantes del tabaco necesitaban papeles naturales, sin procesar.
Contenido relacionado: Emily Eizen: Hermoso Arte Cannábico y Queer para Alegrarte la Cuarentena
“Nadie fabricaba papel natural sin lejía, sin tiza, ¡y yo quería eso! Incluso sabía cómo iba a llamarlos: RAW, por una canción de Big Daddy Kane que se me metió en la cabeza en 1988. Pero cuando fui a las fábricas de papel a exponer mi idea para conseguir los materiales que necesitaba, nadie quiso fabricarlos. Todxs se rieron en mi cara; me dijeron que nadie quería fumar una bolsa de papel”.
Nunca rendirse
Descorazonado y molesto, Josh seguía sin estar dispuesto a rendirse. Sabía que la gente no entendía su visión. Los papeles naturales sin procesar no se parecerían en nada a una bolsa de papel: serían finos y translúcidos, tendrían un aspecto naturalmente atractivo y se quemarían maravillosamente.
La persistencia volvería a dar sus frutos, ya que Josh consiguió finalmente convencer a un pequeño molino para que fabricara lo que necesitaba para su papel.
“Sabía que necesitaba un número determinado de pedidos para convencer a una fábrica de que produjera lo que yo imaginaba. Así que llamé a la fábrica y les pregunté si lo harían si pedía un millón de toneladas. Me dijeron que sí. Así que seguí esa escalera del “sí”: conseguí que bajaran de un millón a 100.000 toneladas. Pero aun así era MUCHO más de lo que realmente quería comprar y fabricar estos papelillos me hizo tener que arriesgar todo lo que tenía”.
Eran los primeros días de RAW, la entonces nueva marca de Josh, que acabaría convirtiéndose en un gran éxito mundial.
Un año más tarde, el producto de sus sueños llegó por fin al mercado y, aunque la demanda era decente, estaba lejos de ser un éxito instantáneo.
“Y no estaba destinado a ser un éxito instantáneo”, aclara rápidamente. “Lo estaba haciendo para un mercado muy de nicho. Me encantan los nichos de mercado porque los entiendo. A los mercados de masas no los entiendo en absoluto. No sé lo que quiere todo el mundo, pero puedo conectar empáticamente contigo y saber lo que TÚ quieres; puedo hacer lo mismo con esa persona de ahí y darle lo que quiere. Sin embargo, cuando se trata de grupos grandes, me resulta más difícil conectar y entender sus necesidades. Lo que aprendí al conectar con fumadores individuales es que la mayoría de la gente quiere lo mismo, todxs quieren fumar lo mejor“.
La estrategia del círculo de fumadores
Existieron algunos otros contratiempos en el camino de Josh. Pero el éxito llegaría pronto. Alrededor del 2008, el mundo del hip-hop empezó a fijarse en el producto único de Josh, impulsando su ascenso a la fama.
Contenido relacionado: Greenlane y el Rapero Berner Lanzan sus Papelillos ‘Vibes’ en Europa y Canadá
“Así es como RAW se convirtió en un éxito. Esto es realmente importante. No fue sólo por el tema del hip-hop”, explica. “Es un éxito por la forma en que tú y yo y todxs nosotrxs fumamos. Fumamos en círculos, hermano, siempre lo hemos hecho. Así que todo lo que tuve que hacer fue darle un paquete de RAW a mi amigo más cercanx, la persona a la que le gustaba fumar plantas más allá de lo imaginable. Entonces armaba sus cigarros con RAW, naturalmente se enamoraba de la marca y luego todo el círculo la adoptaba. Cada persona del círculo le daba al RAW, notaba su sabor, fumaba mejor que cualquier cosa que hubiera fumado antes y preguntaba qué marca era. Acto seguido estaban en la tienda comprando paquetes de RAW y compartiendo esa misma experiencia con otro círculo de amigxs fumadores. Crecimos de esta manera, abriéndonos camino a través de los círculos de fumadores de todo el mundo”.
Josh Kesselman – Cortesía de RAW
Josh Kesselman – Cortesía de RAW